sábado, 24 de julio de 2010

El lenguage una disciplina para alcanzar el desarrollo de las competencias

Opinando sobre las practicas pedagogicas son esenciales en la educacion, porque a traves de estas los docentes y los estudiantes se hacen practicos y adquiriendo conocimientos que enriquecen el espritu la forma de pensar y actuar para desempeñarsen en el medio que nos rodea segun elcontexto.


3-El docente de lengua castellana puede establecer correspondencia y niveles de lectura al proponer lectura lactividades pedagogicas y didacticas por medio de las cuales los estudiantes escuchen e interpreten lectura lineal, argumenten,hablen lectura interferencial ; piensen,escriban, y propogan

3.1.1. Siendo las competencias basicas una herramienta pedagogica esencial en el desarrollo de las practicas esenciales para eldesarrollo del lenguaje comunicativo.oral y escrito que llevan acrear expectativas en los estudiante docentes y p adres de familia en el desarrollo de las nuev
as enseñanzas para un futuro mejor.


3.1.2.los nucleos problemicos son esenciales porque halli se conocen las ideas planteadas por los teoricos , que inician las busqueda incansable para dar respuesta a una realidad que se hace visible ante una sociedad con el fin de poner en practica cada idea planteada.

Es asi que cada idea lleva al estudiante a desarrollar y adquirir nuevos conocimientos que le sehan util en en su desempeño laboral.
Las competencias permiten alludar al individuo a formarse cada dia utilizando como medio de comunicacion y expresar sus sentimientos siempre interactuando con los demas para crear su propio espacio.
Es asi como la educacion y quienes la dirigen deben debe estar cada dia mas actualizado y preparados para enfrentar el mundo que esta lleno de conocimientos de los estudiantes para la iny experiencias que ayudaran a mejorar el compromiswo y el despertar lacuriosidad de los estudiantes para la investigacion.
Conclusion: No se debe dejar de lado las tegnologias que bien aplicadas en el desempeño de
competencia y estandares ayudan a mejorar la capacidad del aprendizaje de cada individuo.

viernes, 30 de abril de 2010

LOS TALLERES

NUCLEO 3

Italo Calvino

(Santiago de las Vegas, Cuba, 1923-Siena, Italia, 1985) Escritor italiano. Hijo de un ingeniero agrónomo, se trasladó de San Remo, donde transcurrió la mayor parte de su infancia, a Turín, para seguir los mismos estudios que su padre, pero enseguida los abandonó a causa de la guerra, durante la cual luchó como partisano contra el fascismo. En 1944 se afilió al Partido Comunista Italiano.

Tres años más tarde publicaba, gracias a la ayuda de Cesare Pavese, su primera novela, Los senderos de los nidos de araña, en la que relataba su experiencia en la resistencia. A la conclusión de la guerra, siguió estudios literarios en la Universidad de Turín, en la que se licenció con una tesis sobre Joseph Conrad, y empezó a trabajar para la editorial Einaudi, con la que colaboraría toda su vida.



Tras publicar algunas antologías de relatos, de tipo fabulístico, con las cuales se alejaba de la escritura realista de sus inicios, escribió la trilogía Nuestros antepasados, integrada por El vizconde demediado, El barón rampante y El caballero inexistente, narración fantástica y poética, plagada de elementos maravillosos, en la que planteaba el papel del escritor comprometido políticamente. Por esa época, su relación con el PCI estaba ya muy degradada, hasta que, en 1957, acabó por desvincularse de él por completo.

Esta trilogía marcó un importante giro en su evolución literaria, ya que, dejando a un lado sus iniciales inclinaciones neorrealistas, consiguió reinventar magistralmente el conte philosophique del siglo XVII. Con un refinado juego de acontecimientos emblemáticos, que acercan el estilo del libro a la fábula, en El vizconde demediado (1952) se propuso analizar y denunciar la realidad contemporánea, así como la soledad y el miedo implícitos en la condición humana. Esta misma problemática continúa en El barón rampante (1957) y El caballero inexistente (1959), obras en las que puso de manifiesto su conciencia de vivir en un mundo en el que se niega la más sencilla individualidad de las personas, reducidas a una serie de comportamientos preestablecidos.

Para LOMAS Y OSORIO lo literario se aborda basicamente bajo un prisma historicista (como historia de los períodos y de los generos literarios) que se dan de la mano con un analisis puramente formal de los textos y evita, por el contrario, un tratmiento eductivo de los valores pragmatico de las obras literarias, de la prurifuncionalidad del discuros literario de aspectos como los preferidos a la recepción estética, a la producción de sentido, o a los factores socioculturales que condicionan la producción y recepción literaria.


IMPORTANCIA DEL DOCENTE EL LA ENSEÑANZA DE LA LENGUA LITERARIA

Existen docentes que piensan que enseñar lengua en un contexto comunicativo es algo que rebaja la calidad docente y que devalúa el contenidos de los textos enseñados. Ante tal falacia Casrlos Lomas se pregunta: ¿ Qué és más fácil enseñar el adverbio o enseñar a hablar de una manera fluida y adecuada? ¿ Enseñar la estructura interna de una oración simple o enseñar a esacribir con corrección, coherencia y cohesión? ¿Enseñar la vida y obra de un autor consagrado por la tración literaria o enseñar apreciar la expresión literaria y contribuir a formar lectores crítico? la tarea de profesorado en el contexto de un enfoque comunicativo es más compleja ya que para enseñar en esta dirección no basta con tener una cierta formación linguística (casí siempre de orientación entructuralista o generativista) si no que hay que utilizar otros saberes linguísticos (prágmatica, linguística del texto, semiotica..) y otras emtodologías frente a la clase magistral y a la calificación académica del texto elaborado por un alumno o alumna, hay que actuar como mediador e intervenir en el proceso de elaboración de los textos orales y escritos con estrategias concretas de ayuda pedagógica. También advierte que cualquier aprendizaje escolar debe ser signifitivo y funcional, es decir, debe tener sentido para quien lo aprender y debe ser util mas allá del ámbito escolar. En el caso de la enseñanza de la lengua, el alumnado tiene que entender que lo que se le enseña le va ser útil en su vida personal y social, y no solo a la hora de aprobar la materia en la terminación del curso. Y que por lo tanto debe de aprender a usar de una manera competente la lengua no porque exista la linguística o las clases de lengua, sino porque la lengua tiene al ser usada un determinado valor de cambio social y que, por tanto, puede ser un instrumento de convivencia, de comunicación y de emancipación entre las personas o, por el contrario, una herramienta de manipulación, de opresión y de discriminación. Esa conciencia linguística sobre el valor de la lengua y de sus usos en las actuales sociedades, es esencial para que cualquier aprendizaje tenga sentidos a los ojos de alumnados.








Biografía : Carlos Lomas (Gijón, 1956) es doctor en Filología Hispánica, catedrático de educación secundaria y asesor de formación del profesorado en el Centro del Profesorado y de Recursos de Gijón. Director de la revista SIGNOS (1990-1997) y codirector de TEXTOS de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Ha intervenido como ponente en diversos congresos, cursos, jornadas y seminarios en España, Portugal, México, Brasil, Andorra, Colombia, Venezuela y Puerto Rico. Ha publicado diversos textos de naturaleza lingüística y pedagógica en el diario EL PAÍS y en revistas como Cuadernos de Pedagogía, AULA, Magisterio, TEXTOS, Articles, SIGNOS o Revista de Educación y es autor, entre otros libros, de Ciencias del lenguaje, competencia comunicativa y enseñanza de la lengua (Paidós, 1993), en colaboración con Andrés Osoro y Amparo Tusón, El espectáculo del deseo. Usos y formas de la persuasión publicitaria (Octaedro, 1996), Cómo enseñar a hacer cosas con las palabras -Teoría y práctica de la educación lingüística- (Paidós, 1999), Érase una vez la escuela -Los ecos de la escuela en las voces de la literatura- (Graó 2007) y ¿El otoño del patriarcado? Luces y sombras de la igualdad entre mujeres y hombres (Península, 2008). Ha coordinado (colaborando también como autor) la edición de volúmenes colectivos como El enfoque comunicativo de la enseñanza de la lengua (Paidós, 1993), La enseñanza de la lengua y el aprendizaje de la comunicación (Trea, 1994), La educación lingüística y literaria en la enseñanza secundaria (Horsori, 1996), O valor das palabras (Asa, 2002), ¿Iguales o diferentes? Género, diferencia sexual, lenguaje y educación (Paidós, 1999), El aprendizaje de la comunicación en las aulas (Paidós, 2002), Mujer y educación. Educar para la igualdad, educar desde la diferencia (Graó, 2002), La vida en las aulas. Memoria de la escuela en la literatura (Paidós, 2002), ¿Todos los hombres son iguales? Identidades masculinas y cambios sociales (Paidós Contextos, 2003), Los chicos también lloran (Paidós, 2004), Enseñar lenguaje para aprender a comunicarse (Magisterio, 2 volúmenes, 2005 y 2006), Había una vez una escuela… -Los años del colegio en la literatura- (Paidós México, 2005), este último en colaboración con Ysabel Gracida y Textos literarios y contextos escolares .


LA EDUCACION LITERARIA Y SU INCIDENCIA EN LA LITERATURA Y GÉNERO, MANIFESTA EN GRUPO CULTURALES

NUCLEO 2

El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española define el término educación como la “instrucción por medio de la acción docente”. Según la Wikipedia, la educación se materializa en la serie de habilidades, conocimientos, actitudes y valores adquiridos, produciendo cambios de carácter social, intelectual, emocional, etc., en la persona que, dependiendo del grado de concienciación, será para toda la vida o por un periodo determinado, pasando a formar parte del recuerdo en el último de los casos.

El término “educación literaria” está íntimamente relacionado con la competencia literaria, que es definida por Aguiar e Silva como un saber que permite producir y comprender textos. Según este autor, se trata de un modelo elaborado a partir de la gramática del texto y no mediante una gramática literaria de la frase. Así pues, nos proporciona una visión en la que la unión de lectura y escritura son las claves para la adquisición de la competencia literaria. Por ello, entran en juego la adquisición de hábitos de lectura, así como la capacidad de disfrute, además, de diversos aspectos de tipo estético, cognoscitivo, lingüístico y cultural, sin olvidar que la literatura influye grandemente en la educación en valores.

De todo ello deducimos que la expresión “educación literaria” implica que la finalidad de la enseñanza de la literatura es formar lectores competentes.

Como señala Felipe Zayas, en su artículo “Un proyecto de escritura a partir de la Égloga I de Garcilaso de la Vega”, la educación literaria implica:

- Descubrir la lectura como experiencia satisfactoria fundada en la respuesta afectiva del lector (éste se emociona con la intriga; se identifica con los personajes; reconoce en el texto su propia experiencia vital como experiencia humana; descubre mundos alejados de su experiencia inmediata; contrasta su propia interpretación con la de otros lectores; percibe estéticamente el lenguaje, etc.,).

- Aprender a construir el sentido del texto, es decir, a confrontar la visión que tiene el lector de sí mismo y del mundo con la elaboración cultural de la experiencia humana que le ofrece la obra literaria.

- Conocer las particularidades discursivas, textuales y lingüísticas de los textos literarios, características que están condicionadas históricamente y configuran los géneros o formas convencionales de la institución literaria mediante las que la humanidad ha simbolizado su experiencia.

La escuela desempeña una labor decisiva en la transmisión del patrimonio literario, sobre todo desde que se completó, tanto en España, como en otros países, un proceso considerable de “escolarización de masas”, que involucró a grupos que antes no tenían la posibilidad de acceder a los textos literarios. Además, en los últimos tiempos tiene, en este sentido, una mayor responsabilidad, por lo que a la comunicación audiovisual se refiere, ya que los jóvenes, por lo general, se encuentran inmersos más en este tipo de cultura que en la escrita. Es por este motivo que la mayor parte de ellos se encuentra con la literatura casi exclusivamente en su centro educativo. Así pues, para adquirir una adecuada educación literaria, se necesitan determinadas estrategias que están en relación con la experiencia vivida por el estudiante en clase, experiencia que puede ser juzgada como digna de ser vivida o, por el contrario, como una actividad académica más, cuya utilidad , a veces, resulta dudosa para los alumnos.

Pero no pensemos que la enseñanza de la literatura siempre se ha concebido de la misma forma, por el contrario, ha pasado por diversas etapas:

1.- Desde la antigüedad clásica hasta el siglo XVIII predominó el paradigma retórico; en él los grandes autores son modelos en cuyas obras el alumno debe aprender los secretos de una buena expresión, entendida en todas sus dimensiones- inventio, dispositio y elocutio-. Los alumnos deben comentar los textos de los autores clásicos y realizar una serie de ejercicios de composición –los progymnasmata- sobre determinados temas y conforme a ciertas reglas. Desde la Edad Media la enseñanza de la literatura a las minorías se orienta a la adquisición de las habilidades de elocución que les iban a permitir desenvolverse de una forma correcta y apropiada en las actividades comunicativas habituales de la vida social (el sermón religioso, la escritura de escribientes y clérigos…).

2.- Desde principios del siglo XIX se dio a la enseñanza de la literatura un enfoque historicista, es decir, se estudia la literatura como historia de los autores y las obras representativas de una cultura, en principio “nacional”.

3.- En la década de los sesenta, se comienza a orientar la educación literaria hacia la adquisición de hábitos lectores y a la formación de lectores competentes. El comentario de textos se convierte en una práctica habitual en las aulas. Hemos de decir que esta práctica del comentario ha pervivido hasta hace bien poco con el enfoque historicista de la enseñanza de la literatura.

4.- A partir de los años ochenta se concibe el texto literario como un tipo específico de uso comunicativo mediante el cual el autor ha utilizado el lenguaje de manera creativa. Por ello, se pretende crear en los alumnos el hábito lector; se hacen talleres literarios o actividades de animación a la lectura. Así pues, no sólo se busca que los jóvenes encuentren placer en la lectura, sino que también se les proporcionan las herramientas para la creación de textos.

Teniendo en cuenta la evolución que ha tenido la enseñanza de la literatura, nos planteamos el hecho de que la literatura, por sufrir una serie de variantes en cuanto a las consideraciones del autor, la obra y el receptor, no permite un aprendizaje homogéneo y tipificado, como señala Antonio Mendoza Fillola en su artículo “La educación literaria. Bases para la formación de la competencia lecto-literaria”, publicado en la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes. Según el citado autor, “la didáctica de la literatura ha de plantearse que el objetivo esencial y genérico de la formación y educación literaria de los alumnos de un determinado nivel escolar tiene un doble carácter integrador: aprender a valorar y apreciar las creaciones de signo estético-literario”. Por lo que, según el mismo autor, las competencias esenciales que habrá de desarrollar el alumno se perfilan en dos direcciones:

1.- La que atiende a las competencias que permiten comprender y reconocer las convenciones específicas de organizar y comunicar la experiencia que tiene la literatura, y, consecuentemente, dotar de una elemental poética y retórica literarias.

2.- La que se ocupa del conjunto de saberes que permiten atender a la historicidad que atraviesa el texto, como saberes necesarios y mediadores para poder descubrir y/o establecer nuestra valoración interpretativa.

En la primera de las direcciones, los alumnos deberán iniciarse en la escritura creativa para desarrollar la creatividad y la capacidad de expresar sus pensamientos. Es necesario también que reconozcan y apliquen los elementos de cada género literario. Por supuesto, es fundamental la lectura de libros de literatura, que ayuden a aumentar las capacidades interpretativas de los alumnos y alumnas, así como la realización de resúmenes y comentarios referentes a las obras. Todo ello se ha de hacer de forma que la literatura no se vea como algo exclusivamente escolar, sino como un fenómeno social compartido.

En cuanto al segundo punto, tendremos en cuenta que no se puede convertir la enseñanza de la literatura en una memorización de nombres, obras y fechas, sino que se han de enseñar características de una época que se puedan observar directamente en los textos.

Es fundamental que tengamos presente que el sentido primario de la formación literaria es enseñar a leer, es decir, dar claves de interpretación para que nuestros alumnos descubran que en el discurso literario operan los mismos factores y las mismas reglas con que hablamos todos los días, pero además, esas reglas se desarrollan de forma compleja. Por otra parte, será una decisión importante el tipo de texto que se ha de seleccionar en cada momento, en qué orden y qué tipo de actividades se van a realizar. En este sentido, se harán lecturas de todos los géneros. Por otra parte, se deberán combinar actividades de recepción –como la lectura o los comentarios-, así como de composición de textos. Además, se han de trabajar tanto obras completas como fragmentos.

La literatura es una experiencia estética y, como señalan Brioschi y Girolamo en Introducción al estudio de la literatura, “el lector aprenderá tanto más a moverse con independencia, cuanto más haya elaborado criterios de gusto, fundados no en el simple me gusta o no me gusta, sino en una curiosidad más amplia y una apertura intelectual menos práctica”. En este sentido, tendremos una misión, entre otras, como profesores de literatura: el hacer llegar a nuestros alumnos que la lectura es un placer. Pero no olvidemos que el “placer del texto” es fruto del esfuerzo y que esto exigirá que debamos programar unas lecturas que serán cada vez más difíciles para los alumnos y unas actividades adecuadas para facilitar esa lectura. Daniel Pennac en Como una novela, respecto a este tema, señala que no hay que obligar a los niños a leer lecturas aburridas, sino contagiarles el amor por la lectura. En relación con ello, crea su conocido decálogo en el que se exponen los derechos imprescindibles del lector:

1.- El derecho a no leer.

2.- El derecho a saltarnos las páginas.

3.- El derecho a no terminar un libro.

4.- El derecho a releer.

5.- El derecho a leer cualquier cosa.

6.- El derecho al bovarismo (enfermedad de transmisión textual).

7.- El derecho a leer en cualquier sitio.

8.- El derecho a hojear.

9.- El derecho a leer en voz alta.

10.- El derecho a callarnos.

Numerosos autores dan una gran importancia al lector como elemento fundamental en el proceso que es la literatura. De hecho, Dámaso Alonso distinguía entre dos intuiciones: una intuición creadora del autor y una intuición actualizadora del lector. Del mismo modo, Roland Barthes da una importancia fundamental al lector cuando señala que “el texto literario no está acabado en sí mismo hasta que el lector lo convierte en un objeto de significado, el cual será necesariamente plural”. También Jorge Luis Borges, al hablar de qué es un libro decía que “es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo, hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos. Ocurre entonces la emoción singular llamada belleza, ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”.







jueves, 29 de abril de 2010

GENERALIDADES DE LA LITERATURA HISTORIOGRAFICA: SEMIOTICA, SOCIOCRITICA, PSICOCRITICA Y EL GENERO NO LITERARIO


PRIMER SEMESTRE 2010

Raúl Héctor Castagnino (n. Buenos Aires, 17 de agosto de 1914 - íd., 27 de abril de 1999 ) fue un docente, crítico y escritor argentino.

Docente, crítico e investigador literario de larga actuación en el país y en el extranjero, se formó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En 1937, publicó su primer libro de problemática literaria y, desde entonces, en más de cincuenta años de incesante estudio y producción, su bibliografía acumuló sesenta volúmenes especializados en lo literario y en lo teatral, dentro de los campos de la investigación, docencia, crítica, historia y metodología.

Algunos de ellos, como El Análisis Literario, ¿Qué es Literatura? o Tiempo y Expresión LiterariaMiguel Cané, Cronista del Ochenta; La Época de Mayo; Imágenes Modernistas o Historias Menores del Pasado Literario Argentino. renovaron anquilosados criterios de enseñanza de la Literatura y son textos de consulta. Nuevos enfoques de historia literaria concretó en:

Otros trabajos - como El Teatro en Buenos Aires Durante la Época de Rosas, El Teatro Romántico de Martín Coronado, El Teatro de Roberto Arlt, El Circo Criollo, Literatura Dramática Argentina, Teorías Sobre el Arte Dramático, Teoría del Teatro o Crónicas del Pasado Teatral Argentino- sentaron nuevas bases para la investigación teatral.

Incursionó en la Historia y en la Sociología con: Rosas y los Jesuitas, La Vida Literaria Argentina Entre 1862 y 1930, Cambio, Confrontaciones Estudiantiles y Violencia y Sociología del Teatro Argentino.

Se interesó por la aplicación de nuevos métodos de análisis y crítica y publicó: Sentido y Estructura Narrativa, Cuento-artefacto y Artificios del Cuento, Márgenes de los Estructuralismos.




Para Castagnino, en su libro ¿Qué es la literatura?, indaga sobre qué es literatura y cómo el concepto se extiende a realidades como la escritura, la historia, la didáctica, la oratoria y la crítica. Según Castagnino, la palabra literatura adquiere a veces el valor de nombre colectivo cuando denomina el conjunto de producciones de una nación, época o corriente; o bien es una teoría o una reflexión sobre la obra literaria; o es la suma de conocimientos adquiridos mediante el estudio de las producciones literarias. Otros conceptos, como el de Verlaine, apuntan a la literatura como algo superfluo y acartonado, necesario para la creación estética pura. Posteriormente, Claude Mauriac propuso el término "aliteratura" en contraposición a «literatura» en el sentido despectivo que le daba Verlaine. Todas estas especificaciones hacen de la literatura una propuesta que depende de la perspectiva desde la que se enfoque. Así, Castagnino concluye que los intentos de delimitar el significado de «literatura», más que una definición, constituyen una suma de adjetivaciones limitadoras y específicas.

Teniendo en cuenta el objeto, la literatura es preceptiva si busca normas y principios generales; histórico–crítica si el enfoque de su estudio es genealógico; comparada, si se atiende simultáneamente al examen de obras de diferentes autores, épocas, temáticas o contextos históricos, geográficos y culturales; comprometida si adopta posiciones militantes frente a la sociedad o el estado; pura si sólo se propone como un objeto estético; ancilar, si su finalidad no es el placer estético sino que está al servicio de intereses extraliterarios.

Por eso en los medios expresivos y de procedimientos, Castagnino propone que la literatura tiene como formas de expresión el verso y la prosa y sus realizaciones se manifiestan en géneros literarios, universales que se encuentran, más o menos desarrollados, en cualquier cultura; lírico, épico y dramático. Manifestaciones Líricas son aquellas que expresan sentimientos personales; Épicas, las que se constituyen en expresión de un sentimiento colectivo manifestado mediante modos narrativos, y Dramáticas, las que objetivan los sentimientos y los problemas individuales comunicándolos a través de un diálogo directo. A estos géneros literarios clásicos habría que añadir además el género didáctico. El fenómeno literario ha estado siempre en constante evolución y transformación, de tal modo que el criterio de pertenencia o no de una obra a la literatura puede variar a lo largo de la historia, al variar el concepto de “arte literario”.

Como señala Felipe Zayas, en su artículo “Un proyecto de escritura a partir de la Égloga I de Garcilaso de la Vega”, la educación literaria implica:

- Descubrir la lectura como experiencia satisfactoria fundada en la respuesta afectiva del lector (éste se emociona con la intriga; se identifica con los personajes; reconoce en el texto su propia experiencia vital como experiencia humana; descubre mundos alejados de su experiencia inmediata; contrasta su propia interpretación con la de otros lectores; percibe estéticamente el lenguaje, etc.,).

- Aprender a construir el sentido del texto, es decir, a confrontar la visión que tiene el lector de sí mismo y del mundo con la elaboración cultural de la experiencia humana que le ofrece la obra literaria.

- Conocer las particularidades discursivas, textuales y lingüísticas de los textos literarios, características que están condicionadas históricamente y configuran los géneros o formas convencionales de la institución literaria mediante las que la humanidad ha simbolizado su experiencia.

La escuela desempeña una labor decisiva en la transmisión del patrimonio literario, sobre todo desde que se completó, tanto en España, como en otros países, un proceso considerable de “escolarización de masas”, que involucró a grupos que antes no tenían la posibilidad de acceder a los textos literarios. Además, en los últimos tiempos tiene, en este sentido, una mayor responsabilidad, por lo que a la comunicación audiovisual se refiere, ya que los jóvenes, por lo general, se encuentran inmersos más en este tipo de cultura que en la escrita. Es por este motivo que la mayor parte de ellos se encuentra con la literatura casi exclusivamente en su centro educativo. Así pues, para adquirir una adecuada educación literaria, se necesitan determinadas estrategias que están en relación con la experiencia vivida por el estudiante en clase, experiencia que puede ser juzgada como digna de ser vivida o, por el contrario, como una actividad académica más, cuya utilidad , a veces, resulta dudosa para los alumnos.

Pero no pensemos que la enseñanza de la literatura siempre se ha concebido de la misma forma, por el contrario, ha pasado por diversas etapas:

1.- Desde la antigüedad clásica hasta el siglo XVIII predominó el paradigma retórico; en él los grandes autores son modelos en cuyas obras el alumno debe aprender los secretos de una buena expresión, entendida en todas sus dimensiones- inventio, dispositio y elocutio-. Los alumnos deben comentar los textos de los autores clásicos y realizar una serie de ejercicios de composición –los progymnasmata- sobre determinados temas y conforme a ciertas reglas. Desde la Edad Media la enseñanza de la literatura a las minorías se orienta a la adquisición de las habilidades de elocución que les iban a permitir desenvolverse de una forma correcta y apropiada en las actividades comunicativas habituales de la vida social (el sermón religioso, la escritura de escribientes y clérigos…).

2.- Desde principios del siglo XIX se dio a la enseñanza de la literatura un enfoque historicista, es decir, se estudia la literatura como historia de los autores y las obras representativas de una cultura, en principio “nacional”.

3.- En la década de los sesenta, se comienza a orientar la educación literaria hacia la adquisición de hábitos lectores y a la formación de lectores competentes. El comentario de textos se convierte en una práctica habitual en las aulas. Hemos de decir que esta práctica del comentario ha pervivido hasta hace bien poco con el enfoque historicista de la enseñanza de la literatura.

4.- A partir de los años ochenta se concibe el texto literario como un tipo específico de uso comunicativo mediante el cual el autor ha utilizado el lenguaje de manera creativa. Por ello, se pretende crear en los alumnos el hábito lector; se hacen talleres literarios o actividades de animación a la lectura. Así pues, no sólo se busca que los jóvenes encuentren placer en la lectura, sino que también se les proporcionan las herramientas para la creación de textos.