jueves, 29 de abril de 2010

GENERALIDADES DE LA LITERATURA HISTORIOGRAFICA: SEMIOTICA, SOCIOCRITICA, PSICOCRITICA Y EL GENERO NO LITERARIO


PRIMER SEMESTRE 2010

Raúl Héctor Castagnino (n. Buenos Aires, 17 de agosto de 1914 - íd., 27 de abril de 1999 ) fue un docente, crítico y escritor argentino.

Docente, crítico e investigador literario de larga actuación en el país y en el extranjero, se formó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. En 1937, publicó su primer libro de problemática literaria y, desde entonces, en más de cincuenta años de incesante estudio y producción, su bibliografía acumuló sesenta volúmenes especializados en lo literario y en lo teatral, dentro de los campos de la investigación, docencia, crítica, historia y metodología.

Algunos de ellos, como El Análisis Literario, ¿Qué es Literatura? o Tiempo y Expresión LiterariaMiguel Cané, Cronista del Ochenta; La Época de Mayo; Imágenes Modernistas o Historias Menores del Pasado Literario Argentino. renovaron anquilosados criterios de enseñanza de la Literatura y son textos de consulta. Nuevos enfoques de historia literaria concretó en:

Otros trabajos - como El Teatro en Buenos Aires Durante la Época de Rosas, El Teatro Romántico de Martín Coronado, El Teatro de Roberto Arlt, El Circo Criollo, Literatura Dramática Argentina, Teorías Sobre el Arte Dramático, Teoría del Teatro o Crónicas del Pasado Teatral Argentino- sentaron nuevas bases para la investigación teatral.

Incursionó en la Historia y en la Sociología con: Rosas y los Jesuitas, La Vida Literaria Argentina Entre 1862 y 1930, Cambio, Confrontaciones Estudiantiles y Violencia y Sociología del Teatro Argentino.

Se interesó por la aplicación de nuevos métodos de análisis y crítica y publicó: Sentido y Estructura Narrativa, Cuento-artefacto y Artificios del Cuento, Márgenes de los Estructuralismos.




Para Castagnino, en su libro ¿Qué es la literatura?, indaga sobre qué es literatura y cómo el concepto se extiende a realidades como la escritura, la historia, la didáctica, la oratoria y la crítica. Según Castagnino, la palabra literatura adquiere a veces el valor de nombre colectivo cuando denomina el conjunto de producciones de una nación, época o corriente; o bien es una teoría o una reflexión sobre la obra literaria; o es la suma de conocimientos adquiridos mediante el estudio de las producciones literarias. Otros conceptos, como el de Verlaine, apuntan a la literatura como algo superfluo y acartonado, necesario para la creación estética pura. Posteriormente, Claude Mauriac propuso el término "aliteratura" en contraposición a «literatura» en el sentido despectivo que le daba Verlaine. Todas estas especificaciones hacen de la literatura una propuesta que depende de la perspectiva desde la que se enfoque. Así, Castagnino concluye que los intentos de delimitar el significado de «literatura», más que una definición, constituyen una suma de adjetivaciones limitadoras y específicas.

Teniendo en cuenta el objeto, la literatura es preceptiva si busca normas y principios generales; histórico–crítica si el enfoque de su estudio es genealógico; comparada, si se atiende simultáneamente al examen de obras de diferentes autores, épocas, temáticas o contextos históricos, geográficos y culturales; comprometida si adopta posiciones militantes frente a la sociedad o el estado; pura si sólo se propone como un objeto estético; ancilar, si su finalidad no es el placer estético sino que está al servicio de intereses extraliterarios.

Por eso en los medios expresivos y de procedimientos, Castagnino propone que la literatura tiene como formas de expresión el verso y la prosa y sus realizaciones se manifiestan en géneros literarios, universales que se encuentran, más o menos desarrollados, en cualquier cultura; lírico, épico y dramático. Manifestaciones Líricas son aquellas que expresan sentimientos personales; Épicas, las que se constituyen en expresión de un sentimiento colectivo manifestado mediante modos narrativos, y Dramáticas, las que objetivan los sentimientos y los problemas individuales comunicándolos a través de un diálogo directo. A estos géneros literarios clásicos habría que añadir además el género didáctico. El fenómeno literario ha estado siempre en constante evolución y transformación, de tal modo que el criterio de pertenencia o no de una obra a la literatura puede variar a lo largo de la historia, al variar el concepto de “arte literario”.

Como señala Felipe Zayas, en su artículo “Un proyecto de escritura a partir de la Égloga I de Garcilaso de la Vega”, la educación literaria implica:

- Descubrir la lectura como experiencia satisfactoria fundada en la respuesta afectiva del lector (éste se emociona con la intriga; se identifica con los personajes; reconoce en el texto su propia experiencia vital como experiencia humana; descubre mundos alejados de su experiencia inmediata; contrasta su propia interpretación con la de otros lectores; percibe estéticamente el lenguaje, etc.,).

- Aprender a construir el sentido del texto, es decir, a confrontar la visión que tiene el lector de sí mismo y del mundo con la elaboración cultural de la experiencia humana que le ofrece la obra literaria.

- Conocer las particularidades discursivas, textuales y lingüísticas de los textos literarios, características que están condicionadas históricamente y configuran los géneros o formas convencionales de la institución literaria mediante las que la humanidad ha simbolizado su experiencia.

La escuela desempeña una labor decisiva en la transmisión del patrimonio literario, sobre todo desde que se completó, tanto en España, como en otros países, un proceso considerable de “escolarización de masas”, que involucró a grupos que antes no tenían la posibilidad de acceder a los textos literarios. Además, en los últimos tiempos tiene, en este sentido, una mayor responsabilidad, por lo que a la comunicación audiovisual se refiere, ya que los jóvenes, por lo general, se encuentran inmersos más en este tipo de cultura que en la escrita. Es por este motivo que la mayor parte de ellos se encuentra con la literatura casi exclusivamente en su centro educativo. Así pues, para adquirir una adecuada educación literaria, se necesitan determinadas estrategias que están en relación con la experiencia vivida por el estudiante en clase, experiencia que puede ser juzgada como digna de ser vivida o, por el contrario, como una actividad académica más, cuya utilidad , a veces, resulta dudosa para los alumnos.

Pero no pensemos que la enseñanza de la literatura siempre se ha concebido de la misma forma, por el contrario, ha pasado por diversas etapas:

1.- Desde la antigüedad clásica hasta el siglo XVIII predominó el paradigma retórico; en él los grandes autores son modelos en cuyas obras el alumno debe aprender los secretos de una buena expresión, entendida en todas sus dimensiones- inventio, dispositio y elocutio-. Los alumnos deben comentar los textos de los autores clásicos y realizar una serie de ejercicios de composición –los progymnasmata- sobre determinados temas y conforme a ciertas reglas. Desde la Edad Media la enseñanza de la literatura a las minorías se orienta a la adquisición de las habilidades de elocución que les iban a permitir desenvolverse de una forma correcta y apropiada en las actividades comunicativas habituales de la vida social (el sermón religioso, la escritura de escribientes y clérigos…).

2.- Desde principios del siglo XIX se dio a la enseñanza de la literatura un enfoque historicista, es decir, se estudia la literatura como historia de los autores y las obras representativas de una cultura, en principio “nacional”.

3.- En la década de los sesenta, se comienza a orientar la educación literaria hacia la adquisición de hábitos lectores y a la formación de lectores competentes. El comentario de textos se convierte en una práctica habitual en las aulas. Hemos de decir que esta práctica del comentario ha pervivido hasta hace bien poco con el enfoque historicista de la enseñanza de la literatura.

4.- A partir de los años ochenta se concibe el texto literario como un tipo específico de uso comunicativo mediante el cual el autor ha utilizado el lenguaje de manera creativa. Por ello, se pretende crear en los alumnos el hábito lector; se hacen talleres literarios o actividades de animación a la lectura. Así pues, no sólo se busca que los jóvenes encuentren placer en la lectura, sino que también se les proporcionan las herramientas para la creación de textos.






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